"CONCILIACIÓN" Y SALUD MENTAL

Por: Eulàlia Torras de Beà

Hoy en día, con la prácticamente global integración de la mujer al trabajo remunerado, existe la indudable necesidad de conciliar el cuidado de los hijos con el trabajo de los padres. Esta conciliación, si está bien hecha, significa atender los derechos de los hijos a unos cuidados adecuados para un desarrollo personal y mental saludable, y los derechos de la mujer a su desarrollo personal y profesional.


Pero en realidad hemos caído en una flagrante contradicción entre lo que sabemos y lo que aplicamos, y por tanto estamos aceptando una pseudo-conciliación.

¿En qué se basa esta afirmación? En:

1. Las importantes investigaciones de las últimas décadas sobre la relación entre el vínculo con el cuidador y el desarrollo de las estructuras neurológicas del cerebro.

2. Las investigaciones de los últimos 50 años sobre el vínculo y el apego del niño pequeño a sus cuidadores, como base de su salud mental y de su autonomía.

3. Efecto de la institucionalización parcial o total sobre la evolución.

4. Relación con las llamadas "nuevas patologías".



1. Las investigaciones de los puntos 1 y 2

De las investigaciones citadas en los puntos 1 y 2, que para abreviar no desarrollo[1], se deduce que el niño necesita ser cuidado por personas suficientemente constantes como para establecer con él un vínculo emocional intenso y permitir un apego seguro. Esta continuidad permite conocerlo a fondo y ofrecer mayormente respuestas adecuadas, realistas y coherentes y por tanto estructurantes (Torras 2002).


3. Efecto de la institucionalización parcial o total sobre la evolución.

La ausencia de este tipo de cuidado se da cuando el niño está expuesto a cambios constantes de cuidador y de espacios, a cambios imprevistos y mal preparados debido a situaciones imprevisibles y traumáticas en la familia o bien, debido a desestructuración y exceso de patología en ésta. Otro factor negativo es el mal uso o el abuso de la guardería, que produce un tipo de "institucionalización" parcial, con la consecuente creación de apego ansioso o ausencia de apego y evolución indiferenciada.

Como ejemplo de institucionalización total tenemos los niños criados en orfelinatos. Evidentemente estas instituciones ofrecen calidades muy diversas de crianza, pero sabemos que mayormente los niños que han crecido en ellas presentan cuanto menos retrasos y empobrecimientos en su evolución psicomotora, intelectual y relacional, que tienen como base una insuficiente estructuración neurológica y mental. Es lo que sucede con muchos de los niños adoptados.

Relación con las llamadas "nuevas patologías"

¿Qué relación tiene todo esto con las llamadas "nuevas patologías" y con el aparente aumento de psicopatología en la población? ¿Que relación tiene con el aumento de las drogodependencias, del fracaso escolar, la violencia doméstica, la delincuencia juvenil, el llamado TDAH o hiperactividad, los TGD o trastornos generales del desarrollo, la sexualidad promíscua e irresponsable, las nuevas y modernas dependencias ligadas a la tecnología.... etc.. con la forma como criamos a nuestros hijos?

La privación emocional y de seguridad en el niño pequeño, que se da cuando las condiciones no permiten un apego seguro, conducen a necesidades afectivas pendientes y estancadas. Más tarde, al entrar en la adolescencia sin haber desarrollado una personalidad suficientemente fuerte y estable con la correspondiente autonomía, estas necesidades afectivas pendientes son una base propicia para toda clase de dependencias y por tanto de adicciones. La promiscuidad sexual, por ejemplo, es una clara expresión de necesidad y búsqueda de intimidad y compañía que deberían compensar privaciones atrasadas. Y citaríamos, claro, el uso de tóxicos y de alcohol, las adicciones a las técnicas: messenger, móvil, televisión, etc. etc..

Esfuerzos de la Administración catalana para el cuidado de la salud mental de la población

En el año 1989 el gobierno catalán comenzó el despliegue de la red de CSMIJ (Centres de Salut Mental Infantil i Juvenil) en toda Cataluña. Paralelamente, además se fué desplegando la red de CDIAP (Centres de Desenvolupament i Atenció Precoç). Este importante y decidido esfuerzo expresa una legítima preocupación del gobierno por la salud mental de los niños y adolescentes de nuestra sociedad y un reconocimiento de la importancia de su cuidado.

Recientemente, la medida de crear gran número de plazas de guardería ha sido presentada, demagògicamente, como la forma de asegurar el èxito acadèmico futuro en los niños tempranamente escolarizados. Pero en realidad es todo lo contrario: es ahí donde comienza la contradicción y el problema, ya que no son esas las medidas que preservan la salud mental y el èxito escolar de nuestros niños

Las políticas educativas que pretenden arreglar el fracaso escolar con más horas de institución a cualquier edad o, basadas en la absurda idea de socializar al bebé, desde que el niño nace, son anti-educativas para la población ya que transmiten --i a menudo inculcan-- a los padres un error fundamental de concepto: precisamente la creencia de que hay que "sociabilizar" a los bebés a los pocos meses, que asistir muchas horas a la escuela es mejor que los cuidados que ellos pueden brindar y que los padres deben trabajar más y esforzarse profesionalmente para poder pagar muchas actividades extraescolares en aras de la mejor formación de sus hijos. Entretanto, es preocupante tanto retraso en la promulgación de leyes que realmente atiendan las necesidades reales de los pequeños en materia de salud mental y por ende de aprendizaje. Porque en reallidad, las actuales políticas de crianza contradicen completamente los conocimientos emanados de las importantes investigaciones llevadas a cabo en las últimas décadas.

El intento de establecer la escolaridad obligatoria a partir de los tres años movió a grupos de ciudadanos a manifestarse a través de la prensa con artículos, cartas al director, etc..[2] Estas cartas expresan su desacuerdo con las medidas de conciliación ofrecidas por la política educativa.

Una de estas manifestaciones fué una carta abierta dirigida al Conseller Ernest Maragall, firmada por más de 500 padres. En esta carta se citan los informes publicados recientemente por las universidades de Stanford y Berkeley sobre los riesgos de la educación preescolar, que si bien favorecen la adquisición de habilidades cognitivas, dicen, incide negativamente en el desarrollo social y emocional de los pequeños, generando un incremento de los problemas de conducta. Por mi parte, pondría en duda, incluso, la ventaja de las habilidades congnitivas.

Citan también el estudio publicado por la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) bajo el título "Starting Strong II: Early Childhood Education and Care", sobre las politicas de educación y atención a la primera infancia en veinte países. Se describen los factores sociales, económicos y conceptuales que condicionan estas políticas, que informan de que en ningún país de la Unión Europea la enseñanza es obligatoria antes de los seis años (siete, en el caso de Dinamarca, Suecia y Finlandia). Tampoco lo es en Canadá, Estados Unidos ni Australia. Citan otro dato que consideran muy significativo: en el caso de Finlandia, país que en el último informe PISA obtiene los mejores resultados en materia de educación, el porcentaje de niños que van a la escuela a partir de los 3 años no supera el 50%, lo que contrasta con el 98% de niños catalanes según afirma Maragall al justificar la escolarización obligatoria a los tres años.

La carta de los padres continuaba preguntándose si habrá relación directa entre este déficit de atención en el sí de la familia durante la primera infancia y el creciente número de casos de depresión y trastornos de conducta entre los menores o el hecho de que España tenga el dudoso honor de ser el tercer país del mundo en que se recetan más psicofármacos a menores.

Se basan en estas y otras referencias para defender la idea --por otro lado defendida también en algunas de las cartas de lectores-- de que las medidas de conciliación propuestas hasta ahora no son defendibles. Consideran que las verdaderas medidas de conciliación pasan por ampliar los permisos de maternidad, legislar excedencias remuneradas y con garantía de reincorporación al lugar de trabajo y mantenimiento del sueldo para uno de los padres con niños pequeños, como sucede en los países que nos aventajan en los índices de bienestar y de éxito escolar. Este tipo de conciliación es radicalmente diferente de la noción, muy extendida, de que conciliar la vida laboral y la familiar consiste en mantener los niños "aparcados", dicen, mientras los padres trabajan.

Creo que todo esto es claro indicio de que una medida imprescindible, en primer lugar, es la concienciación de la población, a través de campañas de difusión y de educación psicológica sanitaria, acerca de las necesidades de los niños y de las valiosas e insustituibles funciones de los padres, para conseguir ciudadanos sanos y capaces física y mentalmente. Esta concienciación haría, seguramente, que los ciudadanos supieran qué deben exigir a sus políticos para el bienestar de su familia y el sano crecimiento de sus hijos, y que no aceptaran como buenas las medidas demagógicas y antieducativas que se les ofrecen. Este paso podría, con suerte, mover a los políticos a ofrecer en sus campañas electorales aquello que la salud mental de la población realmente necesita.

En caso contrario estamos en una grave contradicción: se invierte en más plazas de guardería, y después en más plazas de aulas de refuerzo para niños con fracaso escolar y de hospital de día para adolescentes, mientras no se está ayudando económicamente a los padres para que tengan tiempo para estar con sus hijos, para realizar actividades con ellos y fomentar una buena evolución, o sea salud mental. Estas son las verdaderas medidas preventivas. Sin ellas estaremos siempre tratando de corregir, en los años siguientes, lo que se ha comenzado mal en los primeros años. Y esto sí que resulta mucho más caro en todos sentidos, económicamente y emocionalmente.

Conclusiones

Entre los cambios sociales son especialmente importantes aquellos que afectan los sistemas de crianza, ya que de éstos depende la salud neurológica y mental de los futuros ciudadanos del país.

La neuropsicología nos ofrece conocimientos definitivamente importantes sobre la evolución del cerebro, la intelectual y la de la personalidad y la incidencia de los sistemas de cuidado sobre ellas. Según estos conocimientos, son especialmente preocupantes en cuanto a salud mental aquellos sistemas de crianza en que se institucionaliza a los bebés y a los niños desde demasiado temprano y durante demasiadas horas por día.

Para paliar esta situación son urgentes verdaderas medidas de conciliación entre el trabajo de los padres y las necesidades de los bebés y de los niños, en forma de prestaciones econòmicas que permitan a los primeros dedicar suficiente tiempo al cuidado de sus hijos. De hecho nos dan ejemplo de esta realidad los países que nos aventajan en los índices de bienestar y de éxito escolar.

Anexo

En los últimos 30 años se ha hecho política de des-educación por parte de políticos y educadores. Los padres, que antes tenían conciencia clara de que sus cuidados eran la mejor aportación a la buena evolución de sus hijos, desarrollaron un complejo de inferioridad en relación a las instituciones tipo guardería. Desde una politización propagandística de la guardería, llevada a cabo por políticos y educadores de estas instituciones y desde una ideología en realidad de pseudo-izquierda, contribuyeron a crear este complejo de inferioridad de los padres. Hoy en día, ellos creen que deben proporcionar el máximo de horas posibles de guardería y el máximo de actividades extraescolares a sus hijos. Ya no se trata de jugar con ellos y de que crezcan y aprendan jugando, dentro de una relación de apego seguro, base de su apredizaje y autonomía futuros. Parece que se desconozca que el bienestar de los niños y el hecho de que ellos sean felices va paralelo con su autoestima, estabilidad emocional y salud mental. En un artículo aparecido recientemente en una revista dirigida a padres, donde se lee una de tantas propagandas de la escuela para los más pequeños, hay fotografías de niños con sus cuidadoras. Todos los niños están sorprendentemente serios, ninguno sonríe ¡ni uno!! Y esto no és cuestión de que queden más monos, sinó de su estado de ánimo. Está subiendo el número de depresiones en los adultos: ¿de donde creen los políticos que salen estos cambios en la psicopatología?

¿Y qué hemos hecho hasta ahora los pediatras y los psiquiatras de niños? Observar esta situación y no hacer nada.

Los pediatras saben bien que los niños, al entrar en la guardería, suelen retrasarse y a veces incluso perder funciones que ya tenían adquiridas (dejar de caminar, volver al período de marcha insegura de base ampliada, retrasarse en el habla, perder palabras que ya el niño pronunciaba y utilizaba). También saben que "pescan todas las pasas", pero cómo han reaccionado: no diciendo nada, dejando pasar esta situación, seguramente con la convicción de que esto se arreglaría con el tiempo. Hace años, también los pediatras tranquilizaban a las madres cuyos hijos llevaban retrasos de cualquier tipo, diciéndoles "espere, ya hablará" con lo que se perdía un tiempo precioso, importantísimo para la evolución del niño. Ya que sabemos que los funciones biológicas y psicológicas, como todo en embriología, tienen su tiempo para desarrollarse y si no lo hacen dentro de esa franja de tiempo, no se desarrollan o lo hacen pobremente, con empobrecimientos. Una pediatra hace unos años escribió un artículo para el suplemento "Salud y calidad de vida" de la Vanguardia y lo tituló Sindrome de la guardería. En él simplemente explicaba lo que se observa a menudo. Recibió muchas cartas como respuesta, de padres que querían acallar voces como ésta, para poder seguir mandando sus hijos a la guardería con tranquilidad de conciencia.

¿Qué hemos hecho los psiquiatras y psicólogos de niños pequeños? También hemos callado!! Cuando hemos recibido un niño que ya ha estado demasiadas horas y demasiado precozmente en la guardería, y que presenta también el síndrome psicológico de la guardería, hemos pensado que ¿para qué alarmar y culpabilizar ahora a los padres, cuando eso ya está hecho? Hemos tomado las medidas necesarias cara al futuro, pero de todos modos, no hemos hecho campañas sociales para alertar sobre lo que estaba pasando, para que los padres que quisieran oir oyeran, para contribuir a mejorar las condiciones de niños que aún estaban a tiempo. ¿Porqué no hemos hecho más? Seguramente por comodidad, para ahorrarnos las dificultades de campañas y trabajos sociales de este tipo, por no encontrar el terreno preparado, vaya a saber porqué.

La Dra. Eulàlia Torras de Beà, es psiquiatra de niños y adolescentes, pionera en la atención a los niños desde la asistencia pública, fundadora, en 1969, del Servei de Psiquiatria i psicologia del Nen i de l'Adolescent de l'Hospital de la Creu Roja de Barcelona, desde hace 20 años convertido en Fundació Eulàlia Torras de Beà, que gestiona tres CSMIJ (Centres de Salut Mental Infantil i Juvenil), un CDIAP (Centre de Desenvolupament i Atenció Precoç) y una ICIF (Institució Col•laboradora d'Integració Familiar), además de realizar una importante actividad docente.

La Dra. Eulàlia Torras de Beà ha publicado numerosos artículos en revistas profesionales del país e internacionales y es autora de cinco libros destinados a profesionales, además de un libro educativo para padres.

[1] Documentación disponible

[2] El País, "Los niños tienen que poder ser niños" por Roser Jordà y 9 firmas más, Manlleu 2 diciembre 2007; "Escolarización a los tres años" por E.T.Armangué, Barcelona, 9 diciembre 2007...

La Vanguardia: "Escuchar y prometer" por Ma. Gloria Franzi Escalante, Barcelona, 4 diciembre; "Bebés y salud pública" por Santiago García-Tornel, Barcelona 4 diciembre 2007; Celeste López, Madrid, 24 enero 2008...

Comentarios