Corrupción de menores

La vanguardia.

Quim Monzó regresa mañana y sus lectores podrán recuperarse del síndrome de abstinencia. Quizás la mejor manera de devolverle la columna sea retomar el tema de uno de los escasos artículos que ha publicado en este mes vacacional. En "Restaurantes o guarderías", publicado hace quince días en nuestro Magazine, cansado de niños chillones y malcriados, aplaudía la decisión de un restaurante de Pittsburgh que prohíbe la entrada a menores de seis años. Monzó culminaba el artículo con una frase característica de su humor hiperbólico: "Ya era hora de que Herodes se metiese a chef".

La protección de la infancia es quizá la más clara conquista ética de nuestro tiempo. Explotación, abusos sexuales y violencia son todavía dolorosas lacras de la infancia, pero están disminuyendo: he ahí una victoria indiscutible del progreso. Pero el progreso siempre tiene dos caras: la idealización de los niños en nuestras sociedades ha derivado en corrupción.

Consentidos, regalados y adulados, los niños se están convirtiendo en pequeños monstruos inapetentes. Lo tienen todo. Incluso los padres que intentan no sobreproteger a sus retoños organizan la vida familiar en torno al eje infantil. Cuando el nieto explica en la mesa las nimiedades de su edad, padres y abuelos, respetuosamente, aplauden. Hubo un tiempo en el que el abuelo se burlaba de las aptitudes del nieto, la abuela reñía a la nieta si no fregaba los platos y el padre no tenía tiempo de enterarse de las notas de los hijos. La distancia con que eran observados permitía a los niños un crecimiento menos asfixiante.

Este verano he observado cómo juegan los niños al fútbol. Antes jugábamos por el placer de jugar. Ahora disponen de uniformes, botas, vestuarios, duchas, entrenadores. Conocen al dedillo la táctica del fuera de juego, practican el uno contra uno, saben defender con uno o dos pivotes. Tocan el balón como un profesional. Pero no ríen. Sudan, luchan, sufren. El juego se ha convertido en una asignatura. A los niños, nada les negamos: incluso el padre más severo los mima. Pero les hemos robado el mayor tesoro: la libertad, el instinto, el juego por el juego. Ciertamente, antes los niños estaban muy controlados. Pero nadie les discutía el patio, que era de los niños, como lo eran las vacaciones de verano. Desde que los adultos planifican el ocio de los niños, la infancia ha desaparecido. Desde que un entrenador decide quién juega, desde que los monitores ponen horario y orden a las vacaciones, la patria de la infancia ha desaparecido. Los niños crecen ahora como pollos de granja. Les negamos la aventura, el riesgo, la caída, la pelea. Controlados desde la cuna, ¿qué espacio tienen para construir sus secretos o desarrollar el instinto? Con los años, la broma se confirma: se alarga la infancia, hiperprotegida; pero la felicidad infantil desaparece.

Comentarios

Leles ha dicho que…
Pues yo lo que más quiero es la felicidad de mis hijos. Que tengan una infancia feliz. Espero no estar superprotegiéndoles, no quisiera caer en ese error.
Tienes toda la razón, controlamos hasta lo infinito y no debe de ser así.
Yo quiero para mis hijos, una infancia, por lo menos, feliz como la mía.
Aunuqe yo veo por ahí que abundan los niños irrespetuosos. Qué horror!. No me gusta nada que un niño sea maleducado a sabiendas y espero qeu los míos no sean así (por ahora son bueniños, a ver qué pasará después).
sunsi ha dicho que…
Querida Monty. Esta entrada es para enmarcar. He disfrutado tanto leyéndola...

"El juego se ha convertido en una asignatura. A los niños, nada les negamos: incluso el padre más severo los mima. Pero les hemos robado el mayor tesoro: la libertad, el instinto, el juego por el juego".

Por eso, Monty, me niego a asistir a "cursillos" donde me explican cómo he de organizar el ocio de mis hijos. Antes salía confusa; ahora CABREADA.

Un beso, amiga
Leles ha dicho que…
Oye, hay cursillos para organizar el ocio a los críos??? no me lo puedo creer!!!!
paterfamilias ha dicho que…
¡Guau!, me ha encantado esta entrada.

Muy bien explicado. Gracias

¡Chapeau!

No sé cómo no lo he hecho antes, pero voy a añadir este blog en los que sigo.
susana ha dicho que…
Qué buena reflexión. Un saludo.
mOnTy ha dicho que…
En respuesta a vuestros comentarios os remito a este vído sin desperdicio

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